Palabras de agradecimiento al Padre Luis Millán por su dedicación
a la formación de los futuros pastores de nuestra amada Diócesis
"Maestro, ¿Dónde vives?",
es la pregunta que ha salido del corazón seducido por el
Señor, del corazón convencido de la convicción
del Maestro. Y la respuesta es provocativa: "Vengan y lo verán",
es decir, anden conmigo, vivan mi misma vida, no se dejen influenciar
por opiniones externas; entonces surge el imperativo ¡hagan
la experiencia!, vengan detrás.
Son palabras vivas aún, es la vida cifrada
en palabras que resuena día con día en esta casa,
es el eco que no se resigna a morir y que quiere hacer estragos
con nosotros, destruirnos para construirnos de nuevo, cada día,
delante del evangelio de la gracia. ¿Y nosotros? No somos
más que unos simples muchachos con muy poco, o quizá
nada, en las manos, para poder ofrecerlo al Señor; antes
queremos mostrarnos vacíos para poder ser colmados de las
gracias que nos son dadas en el transcurso del seguimiento. Y es
necesario seguir, sólo al andar se escucha el murmullo de
la voz que nos llama, y si queremos detenernos y escucharla mejor,
entonces la voz calla y deja lugar a un tenebroso silencio.
Es este, pues, un caminar en compañía,
un ir detrás del Maestro andando con otros pies caminantes.
¡Y esto ya es una maravillosa bendición! Una bendición
que nos reclama ser agradecidos. Por eso estamos aquí, agradeciendo
de corazón a cuantos en el pasado y en el presente nos han
enseñado, y nos enseñan, a no tener miedo, a dar pasos
firmes, a pesar incluso de que el camino se dirija siempre a la
cruz. Y en esta hora agradecemos muy especialmente al P. Luis Millán,
que hace años dio un "si" generoso para arriesgarse
con nosotros, para apostar por nosotros.
Sin duda ha sido un tiempo de esfuerzos enormes,
un tiempo de claroscuros, dilatado entre alegrías y tristezas,
entre risas y lagrimas, entre luces deslumbrantes y escalofriantes
momentos de oscuridad. Y sin embargo, la gracia ha producido sus
frutos; le aseguramos, P. Luis, que hemos aprendido a crecer, unos
más aprisa, otros de modo más tardo, unos más
fácilmente, otros con más esfuerzos… ¡A
final cada quien es un misterioso proceso!
Queremos seguir adelante, echarnos a la espalda
la mochila del riesgo y aventurarnos en este camino que nos ha propuesto
Jesús, con la esperanza de que lo aprendido pueda ser utilizado
como abastecimiento para fortalecernos durante el camino.
Gracias por todo P. Luis, queremos ver el pasado
-y también el presente que se esta convierto en tal-, no
como la garganta que se traga todo esfuerzo y lo sumerge en la muerte
del olvido, sino como el baúl del que siempre podremos sacar
cosas bellas y buenas, palabras, enseñanzas, recuerdos, ejemplos;
como una historia colmada de experiencias de vida.
Con alegría vemos que un futuro se abre,
pues no hay camino abierto en el que no se haya entrometido el buen
Dios. De modo que confiamos en que su ministerio continuará
siendo bendecido con creces, no nos olvidaremos de lo que bajo su
formación hemos aprendido, ¡y mire que queremos comprometernos
con lo que hoy decimos! Ya sea que lo hagamos o no, el tiempo lo
dirá y usted podrá verificarlo.
Gracias nuevamente por todo, quedamos unidos en
la fe que nos hermana, en la esperanza que nos anima a continuar,
y en la caridad que hace latir nuestros corazones al son del evangelio.